INTELIGENCIA EMOCIONAL

«Educar la mente sin educar el corazón,

no es educar en absoluto».

Aristóteles

 

El concepto Inteligencia Emocional (IE) comienza a vislumbrarse en los años 80 del siglo XX (Gardner 1983, Sterberg 1988), y desarrollado en 1990 por John Mayer y Peter Salovey, aunque es Goleman en 1995 quien acuña el término Inteligencia Emocional. Estamos ante un concepto complejo pues los campos que lo componen (inteligencia-emoción) se vieron siempre como mundos absolutamente separados cuando no antagónicos.

Hoy día, comprendemos al ser humano como un todo en el que la IE sería esa INTELIGENCIA, con mayúsculas, que integra lo cognitivo con el reconocimiento de las emociones. Este reconocimiento de las emociones se convierte en un aspecto fundamental, comenzando con las propias del individuo (Inteligencia Intrapersonal) para alcanzar el reconocimiento de las de los demás (Inteligencia Interpersonal).

Estos aspectos son clave para que la persona crezca en autoconocimiento y, desde ahí, se embarque hacia el conocimiento y comprensión de los demás. Bajo este prisma, la Inteligencia Emocional es crucial para el desarrollo, transformación y mejora de la persona como individuo, y de la sociedad como conjunto de personas que interactúan.

El cerebro humano es racional y emocional por lo que es necesario atender y entender ambos ámbitos como una unidad.